Si repites este enero durante 10 años, ¿a dónde te llevaría?
Y más importante: ¿te gusta ese lugar?
Esa pregunta predice más tu 2026 que cualquier lista de resoluciones.
Enero es el mes de las listas. Metas. Propósitos. Resoluciones. Cada año, millones escriben lo que quieren lograr: bajar de peso, ahorrar más, leer veinte libros, aprender un idioma, cambiar de trabajo. Y unas semanas después, la mayoría lo suelta.
No por falta de voluntad. No porque seas “inconstante”. Muchas veces, por algo más simple (y más profundo): planificamos el “qué” sin detenernos en el “para qué”.
Escribimos lo que queremos hacer. Rara vez nombramos por qué queremos hacerlo. Y cuando el porqué está borroso, cualquier obstáculo alcanza: una semana pesada, una mala noche, un viaje, un día sin ganas… y el plan desaparece.
El problema no son tus metas
Viktor Frankl, psiquiatra vienés y sobreviviente de campos de concentración, dedicó su vida a estudiar una pregunta incómoda: ¿qué hace que algunas personas encuentren fuerza para seguir adelante cuando todo parece perdido?
Su respuesta fue sencilla:
«Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo».
En enero solemos hacer lo contrario: construimos el “cómo” sin haber definido el “por qué”. Es como trazar una ruta sin destino. Puedes moverte mucho… y no llegar a ningún lugar.
El “por qué” es sentido.
El “cómo” es sistema.
Y sin sistema, tu por qué se queda en buena intención.
Una escena que se repite cada año
Febrero. Un martes cualquiera. 7:40 p.m.
Llegas cansada. Abres el teléfono “solo un minuto”. Se te va media hora. Te acuerdas del hábito que empezaste con fuerza el 1 de enero… y te da flojera hasta pensarlo.
No fallaste. Solo no tenías un plan mínimo para un día normal.
No te faltaba motivación. Te faltaba estructura.
Por eso la pregunta de los 10 años importa tanto. Porque no habla de tu mejor día. Habla de tus hábitos.
La pregunta antes de la meta
Antes de preguntarte «¿qué quiero lograr este año?», hay otra pregunta más importante: ¿Para qué estoy viviendo?
No es una pregunta filosófica para quedar bien. Es práctica.
Porque si no sabes para qué estás viviendo, tus metas se vuelven prestadas: lo que se ve bien, lo que otros aplauden, lo que “deberías” querer, lo que suena impresionante.
Aristóteles lo llamaba telos: el fin hacia el cual todo lo demás se ordena. Para él, una vida buena no era una vida llena de logros, sino una vida orientada hacia lo esencial. Y lo esencial no se descubre por accidente. Se descubre por reflexión.
Leonardo Polo lo expresaba de otra manera: el ser humano es crecimiento irrestricto. Estamos hechos para crecer, dar, trascender. Pero el crecimiento sin dirección no es crecimiento: es solo movimiento.
El vacío que las metas no llenan
Frankl llamó “vacío existencial” a esa sensación de apatía o desorientación que aparece cuando la vida pierde sentido. Y es más común de lo que creemos.
Puedes lograr todo lo que te propusiste y aun así sentir que falta algo.
Puedes cumplir tus resoluciones y llegar a diciembre con una pregunta que duele:
“¿Y esto era todo?”
Por eso vuelvo a mi pregunta favorita —la que uso para planificar y la que incluyo en el Daily Journal que he refinado por cinco ediciones— porque no te deja escaparte:
Si repito este mes durante 10 años… ¿adónde me lleva? ¿Y es ahí donde quiero estar?
Esa pregunta te saca del día y te obliga a ver el patrón. Y muchas veces la respuesta honesta es:
“No. Esto no me lleva a donde quiero ir.”
Esa incomodidad —la buena— es el inicio del cambio real.
Porque las metas responden una pregunta táctica: ¿qué voy a hacer?
El propósito responde una más profunda: ¿quién voy a ser?
El “cómo” que sostiene tu “por qué”: un sistema en 3 capas
Después de años probando métodos, llegué a una conclusión: las metas sueltas no funcionan. Lo que funciona es un sistema que conecte lo que haces hoy con la persona que quieres ser a largo plazo.
1) Norte: Visión de vida y propósito
Antes de cualquier meta anual, necesitas claridad sobre tus valores, tu dirección y lo que significa para ti “una buena vida”. No lo que significa para tu jefe, tus padres o Instagram. Para ti.
Aquí entran tus dones, tus pasiones y tus metas de largo plazo (15 años, 5 años), y esas metas de “algún día” que guardas en silencio.
2) Ruta: Sistema anual y trimestral
Con tu visión clara, haces una pregunta potente:
¿Qué quiero que sea verdad sobre mí cuando termine diciembre?
Luego, cada trimestre haces zoom out: revisas, reenfocas y eliges 1 a 3 acciones que realmente importan para los próximos 90 días. No diez. Tres, como máximo.
3) Paso de hoy: Práctica diaria
La visión sin acción es fantasía. Por eso necesitas un espacio diario simple:
gratitud (te ancla),
una acción concreta (te mueve),
una afirmación de identidad (“Yo soy…”) (te recuerda quién estás practicando ser),
y una revisión al final del día (te enseña).
No necesitas una hora. Necesitas 10 minutos de intención.
Este sistema en tres capas —norte, ruta y paso de hoy— es la estructura del Living with Purpose · Daily Journal for 2026: visión de vida, planificación anual y trimestral, y 365 páginas diarias. Todo en un PDF hiperlinked para moverte con un toque entre tu visión, tu plan, tus trimestres y tu día. (Porque si es difícil de usar, no se usa.)
Del propósito al plan
Cuando tu propósito está claro, tus metas cambian de naturaleza. Dejan de ser deseos sueltos y se convierten en vehículos de sentido.
“Quiero bajar de peso” se vuelve: “Quiero energía para estar presente con mis hijos.”
“Quiero ganar más” se vuelve: “Quiero libertad para elegir proyectos que me importen.”
“Quiero cambiar de trabajo” se vuelve: “Quiero contribuir a algo más grande que yo.”
La meta puede parecer la misma. Pero el combustible cambia.
Y el combustible determina si sigues en febrero… o lo abandonas.
Lo que sí te invito a hacer (sin drama)
No te pido que abandones tus metas. Te pido que las ancles.
Que antes de escribir tu lista, te sientes con las preguntas difíciles. Que te des permiso de no tener todo claro al instante. Y que confíes en algo simple: la claridad llega cuando te comprometes con la reflexión.
Si quieres acompañamiento continuo, cada mes envío un correo con una idea y un ejercicio breve (español e inglés). Sin exceso de información. Solo herramientas para pensar mejor y decidir mejor.
Tu año no cambia en enero. Cambia en un martes cualquiera.
Tu ejercicio de hoy (7 minutos, en papel)
Antes de escribir una sola meta para 2026, responde sin filtrar:
Si dentro de un año miro hacia atrás y siento que viví con propósito, ¿qué tendría que haber pasado?
¿Por qué eso importa de verdad?
¿Cuál sería la evidencia concreta? (¿qué vería en mi agenda, mis hábitos y mis decisiones?)
No busques una respuesta perfecta. Busca una respuesta honesta.
Ahí suele estar lo que estabas evitando nombrar.
Que 2026 no sea el año en que lograste más cosas.
Que sea el año en que viviste con más sentido.